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miércoles, 13 de octubre de 2010

Día Internacional de la Mujer Rural

Pronuncio la palabra MUJER, e inevitablemente, se me agolpan los nombres en la mente. El nombre de la madre y el de la amada, el de la abuela y el de la amiga, anticipándose a cientos y a cientos de nombres que conozco: Violeta, María, Ana, Elena, Rosa, Mercedes, Juani, Nieves, Teresa, Lorena…. y hasta un infinito eterno de sonrisas particulares, de esperanzas en cada día y de preocupaciones a cada instante.

Pronuncio el nombre de mamá y un tiempo de soles y de distancias se dibuja en el horizonte inalcanzable de los recuerdos. Esta tierra de luces y de rigores se me antoja la tierra más hermosa para vivir y para soñar, para compartir y para amar. Una tierra difícil para mamá entonces (hablo de los 70), donde la noria de la vida giraba, como lo continúa haciendo aún ahora, con el epicentro del nombre de mujer. Cangilones éramos todos, los demás miembros de la familia, los hijos, los hermanos, el padre, los abuelos… Era un tiempo de paz y de remanso donde las prisas, si cabían, se dilataban en la plática en la esquina o en las relaciones con el vecindario.

La tarde exponía lentamente espacios, mientras el sol parecía que nunca iba a llegar a descender más allá de lontananza. Mamá era una de aquellas pocas mujeres de entonces que ya trabajaba, lo hacía fuera y dentro de la casa; como tantas y tantas de vosotras que a través del silencio diario y de la constancia permanente le habéis robado horas al descanso para hacer de nosotros lo que ahora somos. Jamás podremos compensar vuestro tiempo de dedicación, aún a sabiendas de que en vuestra generosidad, casi siempre, os basta con una sonrisa.

Pronuncio el nombre de mi amada y un tiempo nuevo me desborda en la situación que actualmente vivo. El parangón en el entorno continúa siendo el mismo, en un contexto diferente. Este tiempo de vértigo y de prisas nos atrapa sutilmente, pero nos hace a cada instante más libres en igualdad. Dos que hemos decidido caminar juntos desde el respeto a los espacios individuales y la necesidad de encontrarnos, de vez en cuando, en los descansos que el camino de la libertad va estableciendo para nosotros.

A veces, bastaría tan sólo con comprender el significado de la existencia para conocer que nos urge el entendimiento para compartir la esencia de tantos momentos que nos debemos.
Ahora las mujeres estáis mucho más incorporadas a la sociedad que entonces y desarrolláis vuestro potencial en todas las disciplinas de la vida con la garra de siempre. Sin embargo, apostar por permanecer en el mundo rural es una hermosa aventura que os honra y de la que hacéis gala cada día. Hablo del medio rural de los colores y de la distancia, de las fragancias y del silencio, de la ensoñación y de los recuerdos…

Pronuncio los nombres de mujer que conozco, o mucho otros que desconozco, y el futuro se llena de esperanza. No puedo concebir esta tierra, ni cada de uno de nuestros pueblos, sin el nombre de mujer entre los labios. La fuerza laboral está en vosotras; la capacidad de emprender más que demostrada; el amor a nuestra ruralidad os lo debemos desde siempre.

Pronuncio el nombre de mujer y lo uno al mío, al de tantos y tantos hombres que buscamos un espacio de utopía y de esperanza, de igualdad y de convivencia, de respeto y de amistad, para continuar construyendo juntos cada espacio de esta tierra.

Y sabed, que aquí no sobra nadie. Todas y todos somos precisos. Tan sólo hacen falta un camino extendido de luz y de palabras para recorrer; el amor más sincero por lo que hagamos y las manos dispuestas al esfuerzo.

Pronuncio vuestros nombres y soy consciente de que juntos, si queremos, podemos encontrar el equilibrio perfecto para hallar el sentido más hermoso a la convivencia y a la existencia.

1 comentarios:

pecosilla dijo...

Dicen que nadie es imprescindible, pero creo que se equivocan, son necesarias muchas personas con inquietudes para ganar batallas